EL PENSAMIENTO DE CARTÓN EN LA ALIANZA CAMBIEMOS. Pan para hoy, hambre para mañana

Una crítica cultural al descompromiso político que implica la acusación moral

Las críticas de Bonelli en Clarín y de Morales Solá en La Nación hacia las políticas fiscales y macroeconómicas del macrismo son más severas que las de muchos kirchneristas. Y ni siquiera en este contexto se superan los eslóganes políticos de acusación moral. Sucede algo de gravedad institucional en Argentina y la culpa es del Kirchnerismo. Para Peña y Durán Barba y para los trolls y voluntarios de Cambiemos (“la militancia”) el libreto siempre es el mismo: el Mal del Kirchnerismo, íbamos hacia Venezuela, los Violentos K, no vuelven más, se chorearon un PBI, etcétera. (Consignas valiosas para ser coreadas en la tribuna.) Si algo no necesita el Kirchnerismo es que lo defiendan: Cristina arreglará cuentas con De Vido o no arreglará nada. Y algún día se escribirá la historia de las empresas privadas contratistas del Estado 1983-2015. Mientras tanto el tiempo corre en Argentina como en un tic tac efímero (PR). La democracia es una acción y no un estado de situación fijo (no es un sustantivo, es un verbo). Y ya pasaron dos años, muchachos, un poco de buen gusto en el pensar. Pensar y hacer son las caras de una misma moneda. Un pensar pedorro es achicar el espectro de acciones públicas posibles. Un poco de autocrítica, no sea cosa que la gente de bien que paga sus impuestos, que se rompe el c… trabajando y que los vota descubra que en el fondo oscuro de los colores no hay más que un populismo de derecha grande como una casa. Un poco de imaginación: ¿es mucho pedir? No se les está pidiendo que piensen distinto, sino que nos sorprenda su pensar. Son gobierno, tienen derecho a pensar como quieran, pero no subestimen la inteligencia de la gente. Que no sean siempre las mismas palabras concatenadas en el mismo orden. (En el caso de los funcionarios públicos, Marcos Peña por lo menos sabe hablar, el Presidente en cambio tiene serios problemas fonoaudiológicos). Piensen esto: si en la conflictividad está el MAS, el Partido Obrero, parte de la FUA (que es la izquierda no peronista o anti-peronista), si en el congreso las denuncias las hacen también el Frente Renovador con gente como Marcos Lavagna y Daniel Arroyo que gozan de cierta respetabilidad en vastos sectores políticos, ¿no será que algo no anduvo bien y que no es sólo consecuencia directa de los Violentos K? La franqueza a veces es más redituable que la más ingeniosa de las mentiras. Por lo menos un poco de creatividad que evite el mal gusto estético (no sólo político) de caer siempre en la echada de culpa a otros. Es ya un vicio argentino que se extiende (nobleza obliga decirlo) a vastos espectros ideológicos además del Gobierno: que ante toda discusión pública la acción dialógica de los ciudadanos comience con un tirar la pelota afuera. Alguien publica que alguien desaparece y lo menos que se discute es una desaparición. No trabaja, es negro, es hipi, es mujer, es una «Opereta K», etcétera. Un diálogo que siempre tira la pelota afuera no construye democracia ni políticas públicas de transformación (ahora se habla de «cambio» antes que de transformación: cambiar es el valor de cambio, en cualquier sentido y en cualquier dirección). Desde el punto de vista pragmático, una política de acusación moral parece no servirle más a la Alianza Cambiemos, de ahí el arma de doble filo que siempre implica la figura de Carrió. Los eslóganes políticos de acusación moral le pueden llegar a servir un poco más al Pro, pero sólo por un tiempo y en la medida en que, en el mientras tanto, ellos les sirvan a otros. De todas formas, en ese caso sería dinero fácil ahora y hambre social para mañana…

Por Kevin Morawicki

Puerto Rico-Arg, 15 de diciembre de 2017

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