EN EL NOMBRE DEL PADRE, DE LOS HIJOS Y DE LOS ESPÍRITUS SUBALTERNOS

Crónica del último recital del Indio en Olavarría.// Publicada originalmente el 14 de marzo de 2017 en Facebook INC.// Por Kevin Morawicki.


Desde el cielo desciende la luz perpendicular de un sol tenue y amarillo, es domingo por la tarde en Olavarría y el viento sopla coplas de duelo. Las hojas de los eucaliptos se mueven y brillan con reflejos frenéticos, como si fueran las luces que destellan contra los vidrios de un espejo roto en mil pedazos. Hay un silencio que aturde y apenas si se escuchan, de fondo, las voces guturales pero agudas de cuatro niños que juegan a la pelota. Hay silencio de domingo, o silencio de iglesia, que para el caso es lo mismo. Es entonces que tanta parsimonia que intimida y habida cuenta de las circunstancias, nos damos cuenta que hoy no habrá musicalidad alguna, por mucho que hayamos estado ayer en el concierto: el viento, el sol y las hojas, en todo caso, apenas si pueden prometer que las coplas de duelo calmen un poco el sonido hueco de la conciencia moral.

Dos días antes hemos llegado a la ciudad de Olavarría provenientes de La Plata, de Misiones y de Viedma. Un día antes hemos estado en la previa de una fiesta histórica: contentos, nerviosos, precavidos, adrenalínicos y tal vez temerosos. Pero cuando la música de nuestras vidas se interrumpe drásticamente y, en su reemplazo, acomete el silencio del sinsentido, como ahora, es porque algo no ha salido bien. Nos hemos enterado de las muertes y de los heridos hace solamente un rato. Ayer, al coronar el recital, no lo sabíamos. No lo sabíamos pero quizás lo intuíamos. Y la intuición no era muy precisa pero gravitaba: algo no había salido bien.

Quizás no haya sido sólo una intuición, ya que fue también una sensación colectiva ante el desamparo que sentimos mientras se producía la desconcentración. No sabíamos qué había pasado exactamente pero de algún modo sabíamos que algo raro se respiraba en el aire. Algo había terminado, y lo que había terminado era mucho más que un recital del Indio. El andar de los cuerpos esqueléticos y las bocas secas producían el sonido de algo que había llegado a su fin. Hoy despertamos y recibimos las noticias en nuestros celulares, entonces supimos que habían muerto dos personas, y supimos también que lo que había muerto era mucho más que dos.

QUIZÁS ESTA VEZ PAPÁ SE HABÍA EQUIVOCADO

El transcurso del tiempo y el trabajo de investigación de la Fiscalía de Olavarría nos irán proveyendo de información sobre los aspectos centrales de este sueño de cristal que se hizo añicos. Poco se puede decir con rigor en este momento, ya que mucho de lo que pasó (el relato y la interpretación de lo que pasó) está aún por construirse, no sin que se libren primero tremendas luchas ideológicas. La prístina e impoluta “información” objetiva es una cosa relativa, podemos verlo en .momentos como estos. Lo mucho que ahora sabemos no es, paradójicamente, “información”. Cuando la información finalmente sea producida es que recién podremos tener certezas sobre si, acaso, el Indio no se equivocó esta vez. Y es así no más: la sensación que sentimos es que el Indio, nuestro gran líder paternal, quizás se haya equivocado esta vez. Por más que la tentación de negarlo sea bien fuerte y tengamos mil justificaciones válidas, esta vez es como si papá se hubiera equivocado y tuviéramos que dar un paso de crecimiento para poder reconocerlo. No parece suficiente, ahora, la admiración que le tenemos y el tremendo agradecimiento por habernos dado tanto. No hay dudas de que él resultará siendo el de menor responsabilidad comparados con las del Municipalidad de Olavarría y la Productora Vivo S.A en tanto que organizadores. Tampoco dejamos de tener presente que su función principal en todo esto es la de ser el artista. Cuando alguien que queremos y admiramos y ante quien nos referenciamos se equivoca, la equivocación, chica o grande, siempre se amplifica hasta explotarnos en la cara: negación, más negación, resignación y, recién después, aceptación. En definitiva no estamos acostumbrados a que un papá así nos defraude. El corazón es un músculo cristalino y débil que tiende a enojarse en vez de liberarse. Cuesta creer que Carlos Solari tenga verdadera responsabilidad penal en este asunto, pero de todas formas es eso: acaso el Indio esta vez se equivocó.

Es una responsabilidad menor respecto de aquella que le cabe a la productora y a la Municipalidad y cuya gravedad dolosa será determinada por la justicia. Hay, sin embargo, dos o tres fenómenos difíciles de explicar:

1- Se sabía que iba a ir mucha más gente de lo previsto (era una verdad a cuatro vientos), y es justamente esa una de las cosas que no se previeron. La fiscal que investiga las muertes ha dejado trascender que habrían habido más de 400.000 personas, un número muy probable. ¿Cómo es entonces que uno de los errores haya sido, justamente, el de descuidar el principal riesgo que el evento suscitaba?

2- La desconcentración parece no haber sido pensada o planificada por nadie. Algo imposible de comprender. El predio La Colmena era un rectángulo, en uno de cuyos lados se aglomeró la gente, junto al escenario. Al terminar el recital, sólo se podía salir por donde habíamos entrado: por el lado opuesto al escenario. No hubo salidas laterales, no hubo guía ni coordinación de nadie para indicar salida alguna, no había nadie más que participantes temerosos y confundidos. El cuello de botella fue inevitable: el ingreso al predio se realizó durante algunas cuantas horas mientras que la desconcentración se hizo en media hora. El cuello de botella sucedió fuera del predio, cuando llegamos a las casas al barrio lindante. Fue un momento difícil para todos. Esa zona era de responsabilidad del Municipio, según las mismas palabras de su Intendente.

3- No había policía en ninguna parte. Se podría argüir que la presencia policial es contraproducente dada la animosidad de las fuerzas de seguridad y la reticencia al respecto de no pocos sectores sociales, pero ahora mismo eso está ocurriendo en las rutas de salida de Olavarría, de resultas de lo cual miles de automovilistas y choferes de colectivos y combis avanzan en doble fila y por ambas banquinas de las rutas provinciales. Vuelven a sus casas librados al azar y sin la protección de los dioses, divinos o paganos.

MELODRAMA POLÍTICO

Cuesta comprender también la trama política que contextualizó el regreso del Indio Solari a Olavarría. Que hayamos tenido la fría sensación de que había una zona liberada no es fácil de explicar dados los colores políticos oficiales: el municipio es de Cambiemos, igual que la provincia de Buenos Aires y el gobierno nacional. El tiempo podrá sumar argumentos a favor o refutar esta idea que, por ahora, proviene únicamente de la experiencia de haber estado ahí. Pero las hipótesis sobre el rol del Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, y el silencio atípico de la Gobernadora Vidal no son fáciles de explicar. Algo distinto sucede con el tratamiento mediático, cuyo análisis produce el escalofrío de argumentar con facilismos: el Indio se mostró muy entusiasta en la etapa kirchnerista y se encuentra especialmente preocupado por los vientos de cambio. La comprensión que circula sigue esa referencia en el mapa de los imaginarios argentinos. La grieta, desde Rosas y Sarmiento en adelante, continúa y continuará por algunas décadas más, y en este caso también fogonea el infierno cloacal de las redes sociales.

La trama de la política local quizás tenga vericuetos más clásicos y comprensibles pero no por eso menos melodramáticos. El Intendente Ezequiel Galli, de la Alianza Cambiemos, es quien le ganó, en las últimas elecciones, al hijo del intendente que, 20 años atrás, prohibió la presentación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en esta misma ciudad. El intendente actual jugó fuerte a rojo o negro en una ridícula ruleta política, la bolilla fue a dar con el color negro y alguien cantó no va más.

RIENDA SUELTA PARA LA PROPAGACIÓN DE UN PENSAMIENTO DE CARTÓN

Con todo el respeto y todo el reconocimiento para esos dos corazones que dejaron de latir en el recital, la sensación es que, con las muertes de esas almas también han muerto o comenzado a morir otras zonas del cuerpo social. Más que nunca es imposible dar con las palabras adecuadas: digamos, al menos, que han comenzado a ser tocados de muerte muchas de las fuerzas vivas que resisten al pensamiento ortodoxo, punitivo, elitista y clasista de los tiempos que están cambiando. En fin: un pensamiento sin conflicto, sueños de igualdad sin honestidad lírica y con menosprecio hacia la inteligencia, un pensar fútil y estéril como si fuera posible un capitalismo sin clases, sin luchas y sin contradicción, es decir un pensamiento que derrocha sueños sociales pero que carece de sujeto social. Un pensamiento sin historia, sin proceso, sin olores desagradables, sin exceso, sin irracionalidad, sin drogas, sin psicopateadas, sin fiestas con prostitución VIP y sin fiesta financiera ni paraísos off-shore, es decir un pensamiento sin cocaína: civilizado pero hipócrita. Un pensamiento moralista en donde el pensar queda relegado a la elección entre una triste dualidad: bueno o malo. El pensar es entonces la actividad intelectual de discernir entre lo bueno y lo malo. Una acción de discernimiento que no suscita, para quienes lo practican, mayor actividad neuronal, porque lo que se sabe es ya sabido de antemano y lo único que se hace es aplicarlo a lo que sea que acontezca. Ante cada conflicto social ya está establecido quiénes son los malos: para decirlo en inglés antiguo: los malos son los negros, los jóvenes no-exitosos, los putos, los pobres, los choriplaneros, los faloperos, los peronistas, los comunistas, los hipis, los subversivos, los gremialistas, los indios, los gauchos, los peones, los mensú, es decir todos aquellos que no tuvieron la gracia divina de extraerle rentabilidad al capitalismo y apenas si pueden disfrutar de rituales en tiempo presente y producir momentos personales colectivos y memorables además de plusvalía.

Ese es el sujeto escatimado por el pensamiento de cartón: el pueblo a la intemperie. Esos son los anómalos, los bárbaros, las hordas indisciplinadas denunciadas por Sarmiento, los gauchos de quienes Alverdi pedía su sangre, el genocidio de Roca hacia los pueblos originarios para conquistar la Pampa Húmeda y repartirla en 10 familias de apellidos compuestos. Esa misma pampa en cuyo centro ayer se ofició una misa pagana y encima popular. Quizás la última Misa India.

En fin: aquel es el esquema que articula el pensamiento de cartón y que se aplica de antemano como estrategia de comunicación automática y como fundamentación teórica de una posición política: aquella que practica un pensamiento que es el héroe célebre de la estereotipación. El ejército de troles y el pensador Durán Barba hacen el resto en los búnkers cibernéticos de los jóvenes voluntarios del PRO, cuyas actividades no son de militancia sino de “voluntariado”, es decir de emocionada beneficencia para que 2017 sea mejor que el 2016, y que el 2018 sea mejor que el 2017, y así ad infinitum y siempre a fuerza de optimismo y new age. El pensamiento complejo y las posiciones subalternas compiten en desventaja respecto de los imaginarios reaccionarios, simples y efectistas del sentido común blanco y occidental. Papá sabe bien: hemos perdido una batalla cultural y puede que eso dure algún tiempo.

LO POPULAR Y LA PREEMINENCIA DE UN POSTULADO ÉTICO

El viento sopla entonces coplas de duelo en toda la pampa húmeda, y desde ahí recorre el país con los susurros, los respiros y los corazones atorados que vuelven a sus casas ubicadas en distintos puntos del interior de las provincias argentinas. Lo que ha muerto es mucho más que dos: con esas dos almas también ha sido tocado de muerte todo un gran espacio de resistencia y también el tiempo de una confraternidad.

El duelo tiene ahora las mil caras de los espejos rotos de la contrahegemonía. Bien o mal el Indio ha sido, para muchas personas, el lenguaje de posibilidad para poder pensar otras cosas. Para poder pensar distinto al facilismo fascista del sentido común en cuyos eslóganes siempre hay más muerte que vida: hay que meter bala a los delincuentes, lo mío es mío, hay que meter más preso a los ya presos, piden para no trabajar, hay que encarcelar a los que todavía no han sido encarcelados y que nos salgan nunca más. Para mucha gente que no ha podido ir a la universidad o recorrer Europa, el Indio les ha implicado una potenciación de sus consumos culturales: les ha permitido conocer otros artistas, otras músicas, otras geografías, otras sociedades posibles, otros pintores, en fin, una ideología que puede ser cualquier cosa a ojos de quienes lo juzguen, pero que en cualquier caso es siempre un pensamiento heterodoxo. Es una ética al servicio del poder estar siendo. Como decía Rodolfo Kusch en “Geocultura del hombre americano”: a diferencia de la centralidad que los sectores medios ilustrados depositan en la técnica del pensar y en la obsesión por el “cómo” antes que por el qué, “el pensamiento popular constituye antes que todo una situación óntica cristalizada en una afirmación ética”.

20 AÑOS DESPUÉS

«No creemos en la malevolencia de esos jóvenes corazones», dijo el Indio, en esta misma ciudad, hace 20 años. En esa histórica conferencia de prensa con la cual se resistió la censura del recital de Patricio Rey, quedaron latiendo, quizás, los gérmenes de un grito popular que ya no podrán detener: «Ningún pibe nace chorro». Veinte años después del recital suspendido, el Indio denunció con más tristeza que enojo que es una locura el enfoque con el cual están motorizando la baja de la edad de imputabilidad para los menores. Quizás sepa el Indio que, detrás de esas posiciones políticas, se esconde mucho más: un iceberg que desenmascara la redistribución regresiva de la poca riqueza de nuestra economía periférica. Algo que cuando sucede junto a la priorización del pago de las deudas a los usureros del capitalismo financiero, siempre después acomete la represión estatal de la protesta social. “El Estado tiene que primero distribuir socialmente, y después actuar penalmente”.

Veinte años después el Indio produjo también un homenaje: a la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo en sus 40 años de lucha pacífica contra el Terrorismo de Estado. Y volvió a pedir por esa lucha: los que tengan cerca de 40 años y tengan dudas sobre su identidad, no duden en concurrir a Abuelas de Plaza de Mayo…

Por supuesto que esos y otros momentos de arraigo humanista no quedarán en la memoria colectiva. Habrá más penas y habrá más olvido: en un sentido histórico, la muerte de inocentes termina volviéndose en contra de los espíritus que resisten la voracidad reaccionaria y la condición subalterna de sus abandonados corazones.-

Olavarría 12 y 13 de marzo de 2017

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