LA MISA INDIA. TODA RELIGIÓN ES POLÍTICA

                                                                        Por Kevin Morawicki – Publicada orginalmente el 15 de marzo de 2016 en Facebook INC y leída en el programa Mapa Nocturno emitido por Radio Estación Sur.

1- Ahora que estoy en Tandil comprendo que ir a ver al Indio es participar de una misa que te redime y te libera, pero que si no participas una vez que estas ahí puede llevarte puesto. ¿Qué es la Misa India? Nadie podría saberlo con exactitud. No se trata de saber, de todas formas. Se trata de vivirla: sentir una experiencia que conjuga a múltiples sentimientos con intensidad, con adrenalina y con vértigo. Los sentimientos profundos de cada persona, una vez despojados de las promesas falsas de la civilización occidental, sacuden cualquier esqueleto y estremecen toda alma: acarician, duelen y hunden raíces, y por eso mismo animarse a vivenciarlos a fondo nos libera. Cuando se va a ver al Indio se tiene la sensación de que uno es mucho más de lo que habitualmente es y, en consecuencia, aprendés a querer que todo lo que te está rodeando te lleve puesto.

2- La amistad es en definitiva una forma de amor, por lo cual se hace difícil describir la misa sin ser empalagosamente cursi al hacerlo. La amistad es la materia prima de este ritual. No la única, pero sí la más importante. Son miles de rituales concatenados que se materializan en la forma de cuerpos entrelazados en espirales de amistad. De hecho, hoy me abracé más veces con amigos que en toda mi vida anterior. Es cierto que en algunos casos los abrazos son entre desconocidos, pero podría argumentarse con propiedad que, en este espacio-tiempo, la misa articula formas de lo común, y eso que hay de común acelera la producción de un cierto tipo de hermandad. La misa es un catalizador infalible de intercambios afectivos, eso que tanto solemos escatimar incluso a la gente que más queremos.

3- Es 12 de marzo por la noche. El aire frío de las sierras recorre la ciudad de Tandil, desciende en la gran hoguera comunitaria y refresca las 200 mil almas que la rodean y la habitan. La noche es clara y nítida en dirección a las sierras, y es espesa y festiva en el suelo del Hipódromo. El cielo de las heridas brilla, allá arriba; acá abajo arde la danza de los cuerpos que se contagian de sanación mientras vibran al ritmo de cadenas que se rompen. Las heridas son puestas en sal porque se las asume en toda su magnitud, por más que duelan, y una vez que son reconocidas por los cuerpos que las contienen, pueden ser oxigenadas, compartidas y, recién ahí, olvidadas.

El cielo y los cuerpos están encantadores, por supuesto, como si fuéramos a comernos entre nosotros y extasiarnos y perdernos en el placer de una conciencia colectiva. 

4- Ir a ver al Indio es ir a verse a uno mismo. La identificación es espejo pero también instancia de producción del mundo que queremos vivir. Y uno va a eso: a encontrarse con esas zonas del cuerpo que suelen esconderse en los vericuetos injustos de la vida cotidiana. Vamos para no olvidar quiénes fuimos en algún remoto tiempo atrás, y para recordar quiénes queríamos ser. Es un viaje hacia uno mismo: una expedición personal en el que uno se juega el pellejo y en donde todo se colectiviza: todo es de todos y en definitiva todos somos uno. Por supuesto que el que maneja el bondi es el Indio.

Dicho sea de paso: el indio no puede morirse. No es ésa una posibilidad. Somos finitos, con o sin el traqueteo de Mr Parkinson pisándonos los talones. Lo sabemos. Pero hay cosas que duran para siempre, al menos hasta que la especie viva. Sin caer en simplismos: hay muertos que nunca pararán de nacer.

5- En la Misa India hay cientos de sensaciones idénticamente compartidas. Las frases que expresan esas sensaciones coinciden en puntos y comas. El Indio es muchas cosas pero sobre todo es un poeta callejero. Una ciudad entera podría ser grafiteada con sus versos. Los libros de antologías literarias se han perdido a uno de nuestros grandes poetas malditos.

6- No sé si la Misa tiene final. Porque -insisto- vamos a ver al Indio para llegar hacia nosotros mismos, gracias a las condiciones y los condimentos preparados por el anfitrión o por el Maestro de Ceremonias, no sé cómo decirlo. Por eso al terminar el gran pogo universal algo se termina, es cierto, pero en el mismo instante en que termina, continúa. Y continúa con la fuerza de lo que ha sido producido en el ritual colectivo. La Misa sigue viviendo en cada uno de nosotros.

Esa es la razón, quizás, por la que, al terminar JIJIJI, un silencio de suspenso conquista el hipódromo y a las 200 mil almas que la están habitando. La música terminó, ahora estamos asordinados por la interrupción sonora, pero también por la tensión de la salida -por la desconcentración- que empieza a producirse: un malón de gente sin rumbo ni dirección, una marea de lava de gente en la que uno no puede sino dejarse llevar. Nuevamente hay que confiar -tener fe, como suele decirse-, y estar atentos para tratar de no perdernos.

7- En la misa hay también una gambeta hecha al corazón articulador de capitalismo. Recuerdo ahora un documental en el que el gran poeta villero, César González, lo dice lírica y políticamente: es una escena surrealista: ricos y pobres bailando y conviviendo: eso sólo ocurre en sueños. Podría decirse que el Indio es la materialización de ese sueño.

8- La Misa India es una victoria. Anteriores batallas culturales se han perdido para que se pudiera ganar esta. Carpas por todos los recovecos de la ciudad de Tandil. Una ciudad de bien que únicamente se preserva de las carpas en las zonas legisladas como propiedad privada. Se produce un copamiento: el del espacio público. La victoria se evidencia cuando hasta el más insólito lugar de paso está conquistado: donde había espacio de tránsito hay ahora estancia y producción antropológica: humanos haciendo fuego, guareciéndose de la interperie para cuando llegue el momento de dormir. Para ambas necesidades las técnicas utilizadas son similares a las que usaron nuestros antepasados miles de años atrás. La técnica mediante la cual el magiclick funciona -el famoso magiclick- no es ninguna novedad.

Es una victoria. Hay gente siendo y estando, más allá de las prerrogativas civiliatorias de occidente. Hay carnes asadas que no son beef, son las vaquitas de la gran pampa húmeda. Esta vez las penas son de nosotros pero nos comemos las vaquitas antes de que sean ajenas.-

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